Friday, September 30, 2011

El Perro y El Delfín (Hermosa melodía)

Una historia hermosa sobre nuestros animales, sobre la vida, sobre el amor, sobre la amistad, sobre lo que tienen por dentro esos seres vivos que nos acompañan que sienten y hablan, sólo que de una forma diferente... Un hermoso video de dos seres maravillosos =)

Carta de SACERDOTE CATOLICO AL NEW YORK TIMES

Querido hermano y hermana periodista:
Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas, que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Pero ¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas. Que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños...

No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio.

Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región… Ninguno pasa los 40 años. 

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.

Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.

En Cristo,
P. Martín Lasarte sdb

Pitbull - Rain Over Me ft. Marc Anthony

Tolerancia: su Significado


La popularidad de algunos términos y su aceptación como parte de lo políticamente correcto e incuestionable, hace en extremo necesario aclarar tales términos. Quizá ninguno más importante que la palabra “tolerancia”.
Usada con gran frecuencia, ella ha pasado a ser una excusa para la erosión de las discusiones razonadas.Basta con arrojar a la otra persona el adjetivo, “eres intolerante”, para creer que la discusión ha sido ganada.

La tolerancia es algo más sutil y complejo que una herramienta que sirve para creer que se tiene una superioridad moral de la que la otra parte carece. Esto es lo que permite examinar la serie de consideraciones de Budziszewski sobre el tema.

La idea reportada fue encontrada en la obra de Budziszewski, J. (2004). Ask Me Anything: Provocative Answers for College Students. NavPress, pp. 95-100.

El libro reproduce conversaciones con alumnos universitarios, diálogos en lo que un profesor es sujeto a preguntas de esos alumnos y que contesta con sentido común. En otras ocasiones, se reproducen cartas y las respuestas a ellas. La gran ventaja de este enfoque es su claridad y sencillez.

Como en el resto del libro, el problema se plantea en una conversación con alumnos universitarios. Acuden ellos a consultar al profesor. Buscan tener mejores ideas sobre un tema.

En este caso, dos alumnos ven al profesor y describen una situación que les inquieta.

En eventos universitarios, los dos han tratado de expresar opiniones propias (en este caso, cristianas, pero podían ser otras), entre opiniones de otros que se expresan en esos eventos. A veces se les escucha a esos dos alumnos, pero a veces se les acusa de intolerantes.

Por ejemplo, una vez que dijeron que el aborto era reprobable, se les dijo que eran intolerantes porque no respetaban los derechos de la mujer.

En otra ocasión, uno de ellos dijo en su clase de religiones comparadas que no todos los caminos conducían a Dios. El profesor le llamó intolerante. Y así se plantea el problema.

Los alumnos acuden a Budziszewski a que les ayude a saber qué es intolerancia. No es una situación fuera de lo común. Con frecuencia se presenta en las discusiones y alguna de las partes llama a la otra intolerante.



Lo más lógico es comenzar por tener una idea del término, nada complicado, pero que sea apegado a la realidad.

Tolerar significa aguantar, soportar algo que se considera indebido o malo. Soportar, sufrir, tolerar algo que la persona piensa que no debe ser.

Es una definición de tolerancia: abstenerse de intervenir a pesar de creer que se está en presencia de algo indebido.

No es algo que sea demasiado complejo de comprender. Pero eso no es todo.

Sí, la tolerancia sí es una virtud, pero no sería virtuoso permanecer indiferentes ante una violación o un crimen. La aclaración es básica. ¿Sería deseable permanecer pasivo ante una acción como la violación de un menor? Claramente no.

Decir que la tolerancia fuese soportar lo bueno, no tiene sentido. Lo bueno es deseable. Entonces la tolerancia debe estar relacionada con cosas malas y hay cosas que no deben ser toleradas.

Con esta pieza de información, que es clave, es posible llegar a una mejor definición de la tolerancia.

Su definición puede ser ya inferida: es la virtud de distinguir entre las cosas que deben ser soportadas y las que no deben serlo, en qué momentos y circunstancias, por qué razones y hasta qué punto.

En esto, el autor coloca a la tolerancia en conexión con la prudencia, esa virtud que manda a considerar las consecuencias de las acciones propias.

¿Puede entonces ser virtuoso el tolerar una situación indebida?

Sí, en caso de que no ser tolerante conduzca a una situación peor que la original. El autor, menciona dos ejemplos de este caso. El ateísmo y la prohibición de bebidas muestran la virtud de la tolerancia.

No permitir el ateísmo y prohibir las bebidas llevan a una situación peor que la de tolerar su existencia.

Lo mismo sucede con la libertad de expresión, que lleva a la necesidad de tolerar falsas opiniones, pero que en caso de prohibirse se sufriría una situación peor.

Los tres ejemplos son suficientes para hacer comprender el juicio que la tolerancia lleva implícita: la evaluación de las condiciones específicas y la consideración de los efectos de la conducta.



Pero, hay más en esta definición. No es tan simple como puede aparecer. Existen ocasiones en las que alguien puede ser acusado de intolerante cuando no lo es.

El autor, en esta parte se dedica a apuntar ideas que ayudan a distinguir cuándo se es o no intolerante.
1. Quienes tienen creencias firmes suelen ser llamados intolerantes, sin que lo sean.

Es común, dice Budziszewski, que quienes tienen opiniones morales arraigadas y claras, como las cristianas entre otras, sean acusados de ser intolerantes. Es un error. Tener opiniones claras no puede significar ser intolerante.

No necesariamente se es intolerante por tener convicciones sólidas. Pero sí es intolerante el expresarlas de manera que no sea amable y humilde. Esas convicciones necesitan ser explicadas a otros, para que sean entendidas. No puede esperarse que sean aceptadas por la fuerza.

Afirmar que sin lugar a dudas dos más dos en igual a cuatro, no es una postura intolerante, pero podría serlo si se hace con un tono de prepotencia.
2. Apuntar que la opinión de otra persona es falsa, no es ser intolerante. Pero hacerlo necesita de cualidades, como la paciencia y la claridad.

Es la otra cara del espejo con respecto a la primera idea. Apuntar que la opinión expresada por alguien es errónea no implica de manera alguna que quien tal cosa dice sea un intolerante.

Pero, como en el caso anterior, es posible adoptar una postura altiva y arrogante, que sí es intolerante.

Es posible ver ya aquí el patrón de pensamiento de Budziszewski: la intolerancia puede en mucho ser atribuida a la actitud personal.
3. Tampoco significa necesariamente ser intolerante decir que algo no debe ser tolerado, lo que lleva a la propia definición de tolerancia.

Si ella es la virtud de saber distinguir entre lo que debe y no debe ser soportado, aquí se hace clara esa idea. Los errores posibles del juicio son lo obvios.
El decir que debe soportarse lo que no debe ser tolerado.
El decir que no debe ser tolerado lo que sí debe serlo.

El caso de la libertad de expresión puede usarse: decir que no debe ser tolerada es el segundo tipo de error; sí debe serlo so pena de males peores.

Sería, entonces, posible calificar de intolerante a quien afirma que debe ser prohibido algo cuando en caso de serlo acarrearía más problemas que los que trata de resolver. O al revés, cuando alguien afirma que debe ser tolerado lo que siendo prohibido resolvería el problema sin peores consecuencias.
4. No es intolerante expresar juicios morales, es decir, una conclusión razonada sobre lo debido y lo indebido.

Pero, hay algo adicional, como en los casos anteriores. La expresión de juicios morales en un tono de superioridad moral y soberbia, sí sería un caso de intolerancia.



La sencillez de lo anterior es engañosa. Las ideas han sido explicadas con claridad, pero ellas cambia con fuerza el entendimiento de la tolerancia.

Si la definición de la tolerancia es la sabiduría de distinguir entre lo que debe ser aceptado aunque sea indebido y lo que no, la tolerancia es un ejercicio en prudencia.

El autor enriquece a la idea de la tolerancia añadiendo a ella un componente de actitud: la forma en la que se expresan opiniones, lo que no necesariamente es intolerancia, pero lo será si se expresan en tonos soberbios y prepotentes.

Y, finalmente, Budziszewski añade algo valioso, sabido, pero digno de ser recordado: el tener convicciones y expresarlas no es ser intolerante.